sábado, 24 de abril de 2010

NO ES CULTURA, ES JIHAD

Es un gran error asimilar el Islam a otras religiones. El Islam fagocita las religiones que las espadas de los árabes conquistan. Las fagocita, y en un alarde de soberbia….les da legitimidad a través de su profeta. No aporta nada el Islam de los árabes a los sistemas éticos y morales de esas religiones. El Profeta, lejos de ser un sublime sabio místico, es un político árabe del siglo VI. Es por tanto el Islam un sistema político que reglamenta objetivamente la vida en los territorios en los que impera. Sus métodos; la coacción, la imposición y el castigo. Y si bien esto no desentonaría en el contexto histórico de los siglos VI-XVI, es a día de hoy un anacronismo que debería ser para nosotros insoportable.

El papel de la mujer en el Islam es el de un objeto a disposición del hombre musulmán. Forma parte de los enseres de la casa; se compra, se vende, se repudia y se tira, se lapida o se ahorca….sin demasiadas formalidades. Como parte del mobiliario que es, la mujer del Islam ve ordenada y regulada su vida desde el nacimiento a la tumba; su venta al mejor postor a partir de los 6 años (siguiendo el ejemplo del Profeta), su violación “legal” a partir de los 9 años (mismo egregio ejemplo) y su degradación social hasta la tumba, recluida en la casa familiar. Casa familiar que no se circunscribe únicamente a las cuatro paredes que cierran la pétrea y oscura intimidad del hogar musulmán, sino que se extiende a los espacios públicos en los que la mujer continúa su régimen de confinamiento debajo de burkas, nikabs y hijabs; otros muros que marcan a los demás miembros de la comunidad la posesión del hombre musulmán.

Es injustificable el flaco favor que hacemos a las mujeres musulmanas cuando eludimos el valor de los símbolos que deponen su dignidad. Siempre pensé que el Islam se resquebrajaría en contacto con occidente y que serían precisamente las mujeres las que señalarían el camino a sus desafortunadas congéneres de los países islámicos. Pero esto mismo lo han pensado también los muftis que a raudales abandonan la casa del Islam para defender la fe y proteger el rebaño en la casa del infiel. El control que ejercen sobre las comunidades islámicas en nuestro país es cada vez más perceptible.

Escudándose en las libertades que costaron siglos de lucha y sangre a las gentes de Europa, busca el Islam la oportunidad, no de compartir con nosotros las mieles de la Cultura de sus pueblos (algo por lo demás superfluo pues, al menos en el caso de España, llevamos compartiéndola desde que el primer barco fenicio ancló en nuestras costas, amén de las más que milenarias relaciones entre los pueblos ibéricos y norteafricanos), sino de inocular paulatinamente en nuestro tejido social y político la ponzoña de su veneno totalitario, intransigente, tribal y antidemocrático, propio de una concepción política medieval atrasada. Es una falacia insoportable el supuesto argumento de tachar de intolerante a quien considera que la democracia no puede cobijar en su seno a la Némesis que la castigará.

Burkas, nikabs y hijabs no son símbolos religiosos sino de sumisión de la mujer, de su posición de inferioridad en la familia y la sociedad, de su funesto destino de aislamiento y servidumbre ante el hombre.

Inaceptable!!, la libertad es incompatible con estos símbolos. Es irrelevante que cada vez más mujeres musulmanas declaren que lo usan por su propia voluntad, sin imposiciones, que lo usan como símbolo de identidad cultural. También serían manifestaciones culturales la ablación del clítoris, la venta de niñas para el matrimonio…y los tribunales de la Sharía, de los que Gran Bretaña cuenta ya con más 80 para delitos civiles entre la comunidad musulmana…y que a base de concesiones pronto veremos aquí. Esas declaraciones voluntaristas son JIHAD.

Insoportable, injustificable e inaceptable…a no ser que, puestos a disolver los valores del Estado Democrático, nos importe poco o nada que con ellos se diluya también la Libertad.